El caso «Elisa y Marcela»

¡Estrenamos sección!

Periódicamente, iremos analizando temas de actualidad relacionados con el mundo audiovisual y la traducción. Para ello, contaremos con la opinión de profesionales de varios sectores sobre los temas que iremos tratando.

Hemos leído estos días en la prensa que 160 salas de cine alemanas recogieron firmas para pedir que se excluyese Elisa y Marcela, la última película de Isabel Coixet, de la Berlinale.

La película -en blanco y negro- está producida por Netflix y las salas germanas se quejan de que la producción no vaya a pasar por las salas del país antes de aterrizar en Netflix.

Imposible no pensar en el caso de Roma, de Cuarón, que se vio excluida de Cannes para luego arrasar en Venecia, en los Globos y, dentro de poco, posiblemente, en los Óscar.

¿Crees que las películas producidas por las nuevas plataformas merecen competir en los mismos circuitos que las de producción tradicional?

Responden Borja Cobeaga, Carlos López, Javier Pérez Alarcón y Verónica Moreno.

 

 

Borja Cobeaga: Director y guionista

Creo que el cine es cine y da igual quién lo produzca o dónde se vea. En una sala gigante puedes proyectar un vídeo de una comunión pero eso no lo convertir en una película. De igual forma que una película sigue siéndolo si se ve en un móvil. Que a las películas producidas por plataformas se les niegue la inclusión en algunos festivales es una decisión estratégica que tiene que ver con lo empresarial pero no con el cine en sí.

 

Carlos López: Guionista

Creo sinceramente que las plataformas digitales están multiplicando las posibilidades de llegar al público y que, además, gracias a ellas se pueden producir películas cuya financiación parecía imposible. Así que bienvenidas sean, y más bienvenidas aún si tratan de producir grandes historias capaces de competir en festivales de prestigio.

Por supuesto que la proyección en salas es una experiencia que debemos proteger e incentivar, pero a menudo cuando veo defender que esa sea la única manera en la que disfrutar del cine tengo la sensación de que quien lo hace vive en una capital grande y que junto a su casa tiene unos cines estupendos donde proyectan películas de calidad, clásicas y modernas. Y no es verdad: la proyección en cines está copada por sucesivos estrenos de películas distribuidas por grandes multinacionales y que, no nos preocupemos, siguen siendo muy rentables comercialmente.

Por último, oponerse a la llegada al mundo del cine de las plataformas parece revivir la oposición a la llegada del cine sonoro, tan contestada en su momento. Si los festivales de cine les niegan la entrada, a la vuelta de un par de años los festivales terminarán convertidos en una cita tan elitista como inútil.

 

Javier Pérez Alarcón: Traductor audiovisual

Aunque entiendo el punto de vista del sector más «tradicional», lo cierto es que yo creo que el medio de distribución no influye en que algo sea considerado «cine» o no. Dudo mucho que The Irishman, lo próximo de Scorsese, no vaya a ser cine con mayúsculas solo por estrenarse en VOD, del mismo modo que no pienso que algo sea Cine™ solo por pasar por pantalla grande.

También hay que tener en cuenta que muchas de las películas que van directamente a la pequeña pantalla no se han hecho pensando en ello. La mayoría han pasado antes por festivales y demás y la plataforma en cuestión ha comprado los derechos para distribuirla… del mismo modo que podría haberlo hecho una de las distribuidoras tradicionales de toda la vida. También tenemos casos como Aniquilación, de Alex Garland, que iba a ser un estreno de Paramount y terminó vendiéndosela a Netflix. ¿Es su calidad inferior por haber cambiado de medio? Obviamente no. ¿Hubiera sido cine de haberse estrenado en pantalla grande, pero dejó de serlo al pasar al VOD? Jaja. No. ¿Es este ejemplo una excusa para recomendaros Aniquilación? Un poco sí.

Como en tantos otros ámbitos de la vida, el futuro pasa por la convivencia, y personalmente encuentro más productivo valorar las películas por su calidad, independientemente de en qué pantalla se hayan visto, que por su medio de distribución. Si hay buenas películas, ganamos todos, las veamos en pantalla grande, en la televisión o incluso en el móvil. Al final todos estamos en el mismo bando: el del buen cine.

 

Verónica Moreno: Cineciutat (Palma de Mallorca)

Creo que las películas producidas por las nuevas plataformas merecen el mismo trato que las producidas por los estudios de siempre. Al fin y al cabo, el cine es cine, y el trabajo detrás de cada producción es el mismo. Teniendo en cuenta que los grandes estudios cada vez corren menos riesgos con sus producciones, las nuevas plataformas (al menos de momento) sí se lanzan al vacío y producen lo que otros habían rechazado. Esto crea diversidad y favorece a lo que de verdad nos interesa del cine a los cinéfilos: el arte. Sin Netflix, es posible que nadie hubiera apostado por Roma. ¿Que no la hemos podido disfrutar en cines como un estreno “normal”? Pues fastidia, pero al menos la hemos podido disfrutar. De otra forma quizás nunca hubiera existido. Las nuevas plataformas y su nueva manera de distribución han llegado para quedarse y es mejor aceptarlo y adaptarse que luchar contra ello inútilmente.

Lo ideal sería encontrar un punto medio en el que sigan llegando contenidos de calidad a las salas de cine pero también se puedan encontrar grandes maravillas en las plataformas digitales. Pero cualquier gran obra, venga de donde venga, merece tener su reconocimiento.

 

En vista de las respuestas de quienes han participado (recordamos: todos vinculados de una manera u otra con el mundo audiovisual), las salas de cine alemanas se han pasado tres Dörfer. Su intentona no tuvo éxito: Isabel Coixet presentó en Berlín su película, «Elisa y Marcela», que, además, está rodada en blanco y negro y narra la historia de una relación homosexual en la Galicia de principios del siglo pasado.

Si esto es menos cine por entrar en las casas de la gente antes de pasar por las salas, habrá que analizar qué es lo que estamos valorando.