Traducción feminista,
el género también se traduce

Que el feminismo está de moda nadie lo duda. La igualdad de géneros y el empoderamiento de la mujer ha traspasado la frontera del texto académico y no es raro ver una revolución social y sexual en las redes sociales y en la prensa, desde la polémica del “todos, todas y tod@s” hasta la toma de conciencia popular de que hay lenguaje sexista entre nosotros.

Pero que no os engañen. El feminismo lleva estando de moda desde hace años. Qué años, ¡siglos! Feministas o sufragistas, mujeres es lo que somos y nuestros derechos perseguimos con ahínco, ya sea en solitario, a lo Noble, o cantando con voz rasgada, como nuestra Janis. Pero nosotras lo haremos como mejor sabemos: con una pluma en la mano.

Dejémonos de romanticismos y pongámonos delante del ordenador. Que os quede claro: el feminismo también está entre nosotros, queridos traductores, en mayor o menor medida. Desde agencias de traducción especializadas en el cuidado del lenguaje a partir de una perspectiva feminista, hasta traductores que se remangan y se ponen manos a la obra para reivindicar lo ambiguo y poco sensible que es a veces nuestra forma de escribir. ¿Queréis saber quiénes son? Seguid leyendo y lo descubriréis.

Victoria Cuadrado está al frente de Aquelarre Translate, una empresa relativamente joven con un objetivo muy claro: proporcionar traducciones a sus clientes con un lenguaje que garantice la igualdad de género. Y es que cada traductor es un mundo y cada traducción se puede afrontar desde distintas perspectivas. ¿Y por qué no podía ser una de ellas la perspectiva de género, cuya misión no es solo la igualdad entre hombres y mujeres, sino también entre todas las personas, sin importar la raza, el color o las series que vea?

Hemos de ser conscientes de que la traducción se ha utilizado muchas veces como arma de represión y de censura. No hablamos solo de esa parte de nuestra historia en la que se cortaban o alteraban diálogos en las películas a favor de unas ideas más afines al régimen que imperaba. La censura también viene de la mano de traductores poco sensibilizados con los conceptos feministas que empezaban a arraigar en las conciencias de muchas mujeres en el siglo xix. Obras emblemáticas como Mujercitas no vieron la luz por completo hasta hace unos años, cuando Gloria Méndez tradujo al español por primera vez seis capítulos que los editores de Louisa May Alcott creyeron poco adecuados para las mentes de las jovencitas de la época.

Pero la traducción es un arma de doble filo, pues también se ha usado para reivindicar la presencia de la mujer como escritora, como traductora, como ser humano. Desde los años 70, muchas plumas traductoras han atacado los textos que han caído en sus manos, cambiando a su antojo todo aquello que rezumara ideas machistas. Reescribían, modificaban, alteraban, traicionaban al texto. Y todo con un único propósito bien claro: armar mucho revuelo para que su palabra de mujer traductora llegara a las altas esferas académicas, intelectuales y periodísticas.

Pongamos un ejemplo harto conocido: el de la traductora norteamericana Suzanne Jill Levine, encargada de traducir al inglés algunas de las obras de Cabrera Infante, Manuel Puig o Jorge Luis Borges. Esta traductora no duda en resaltar a la mujer en sus traducciones, anteponiéndola al hombre o haciendo más amplio un «his» convirtiéndolo en un «ours». Puede parecer una traición al texto original, a lo que Cabrera Infante quiso transmitir en su novela. Pero oigan, el autor ha dado el visto bueno a los tejemanejes de la traductora. Ahora bien, en el caso de Louisa May Alcott, ¿estuvo de acuerdo en que eliminaran seis capítulos de su obra? Me da a mí que no.

A lo largo de las últimas décadas del siglo xx, las traductoras se han hecho ver en mayor o menor grado. Desde los radicalismos de esa generación de traductoras que son conscientes de que ser mujeres, traductoras y bilingües las posicionan en un rango inferior en la sociedad y en el panorama intelectual, hasta otras cuya labor se ha centrado en sacar a la luz obras de mujeres ilustres, perdidas en los anales de la memoria. Mujeres que han recuperado la voz tras años de olvido gracias a la traducción feminista que se ha preocupado por rescatarlas, reintegrarlas en la literatura y por traducirlas para que su grito, el de la autora y el de la traductora, llegue más alto y se oiga bien fuerte.

El lenguaje es poderoso y hay que saber cuidarlo y usarlo con responsabilidad. Ciertas cuestiones, como la terminología, la ortografía o no pasarse de los caracteres establecidos si estamos subtitulando merecen una atención especial. Entonces, ¿por qué no incluir un buen uso del lenguaje en nuestra lista de prioridades? Un lenguaje que nos incluya a todos, que sea una muestra representativa de la variedad real de personas y sexos y géneros que hay en nuestro mundo. Un lawyer cuya cara o nombre no sabemos, en una serie cualquiera (pongamos… ¿CSI?), bien podría tratarse de una abogada. Sí, ¿por qué no? ¿Por qué entonces pensamos automáticamente en que es un abogado y esa «o» traicionera se nos acaba escapando más veces de las que pensamos? ¿Quién nos ha impuesto esa forma de pensar, escribir y traducir?

No lo sabemos, señoría. Pero sí que tenemos pruebas de que lo han hecho a través del lenguaje. Un lenguaje rico y flexible que no dudaremos en utilizar en defensa de la igualdad, de las mujeres silenciadas y de nuestros derechos. Bienvenidas a la traducción feminista.

Artículo de Carla Bataller en colaboración con BBO.

1 comentario
  1. Marilina
    Marilina Dice:

    Hola, soy una traductora pública de Argentina. Me encanta el concepto de traducción feminista. Muchos textos llegan al lector en su versión traducida, es decir, son versiones que pasan por nosotras: tenemos una gran oportunidad. Pero, ¿qué herramientas podemos utilizar si el lenguaje es sexista? Creo que tenemos que ser creativas y colaborativas frente a esta limitación. Lamentablemente en Argentina, en la formación de grado en traducción casi no se aborda esta problemática. Si pueden compartir alguna biografía de referencia, se los agradecería.

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